Es triste darse cuenta como una niña de unos 5 años se ve sobre un cumulo de gente, desesperada por las condiciones pero emocionada por que desde los hombros de su padre puede alcanzar a ver el recorrido de las comparsas y carrozas que por hay desfilan. Al igual que
esta niña muchas mas personas están siendo prácticamente excluidas de los eventos realizados en la vía 40 gracias a los elevados precios de los palcos los cuales dejan sin posibilidad a un grupo muy grande de personas que no posee el poder adquisitivo suficiente. Continuando mi recorrido por la vía 40 veo como personas que no pudieron adquirir la boleta para un palco se suben en arboles o peor aun en paredillas las cuales corren un riesgo muy elevado solo para un evento cultural gratis dirigido a todo un pueblo.
Recordar como hace aproximadamente 4 o 5 años la vía 40 era un escenario publico donde cualquier persona del común podía asistir y deleitarse con la batalla de flores o la gran parada hace pensar si era necesario sacrificar tanto como excluir a la mayoría del pueblo, para garantizar la organización y seguridad de esta clase de desfiles.
Ponerle precio a nuestro derecho de ser participe en la conservación de nuestra cultura es entonces como ponerle precio a nuestra propia identidad.
La batalla de flores y la gran parada no pueden ser eventos estratificados donde solo aquellos que tienen dinero para un palco puedan disfrutar, estos son eventos culturales y como tal deben estar dirigidos a la sociedad en general sin diferencia de estratos socioeconómicos. Por que disfrutar de nuestra cultura y nuestra tradición no puede ser un negocio si no una actividad cultural sin beneficios a terceros, el único beneficio será la conservación de nuestra historia, cultura y nuestras costumbres.
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miércoles, 25 de febrero de 2009
La estratificación de una tradición: La vía 40
"Ponerle precio a nuestro derecho de ser participe en la conservación de nuestra cultura es entonces como ponerle precio a nuestra propia identidad."
Se acerca el 21 de febrero, el pueblo barranquillero se prepara para salir de su rutina, 4 días en donde la alergia y la cultura se dan cita para recordar nuestra tradición, nuestra cultura y nuestra identidad. El Carnaval de Barranquilla es una fiesta del pueblo y para el pueblo, para el Carnaval no hay clases sociales, ni estrato económico es una fiesta multicultural donde el pueblo se ve inmerso en una masa en donde lo mas importante es la expresión de la alegría y del entusiasmo de toda su gente, pero esta consigna esta cambiando y el carnaval se ah ido estratificando, cada año se hace mas evidente la diferencia entre los ricos y los pobres dentro de estas fiestas. Mientras que desde semanas antes del inicio de estas festividades aquellas personas con un alto poder adquisitivo adquieren boletas para palcos en la vía 40 las cuales algunas superan los $200.000, hay otro grupo mucho mas grande que busca desesperadamente algún lugar donde ubicarse para tratar de ver los desfiles que pasan por este escenario, mientras algunos disfrutan de asiento, sombra y una visión panorámica del desfile , hay muchos otros que se suben en paredillas, arboles o se sientan en el piso en pleno sol del medio día para intentar observar el espectáculo antes de que la policía intervenga y los quite de los lugares que desde la 9 am tratan de ubicar. Si bien, es evidente que en cuanto a organización y seguridad el carnaval de barranquilla y específicamente los eventos realizados sobre la vía 40 han mejorado significativamente , en cuanto a la participación activa del pueblo nos hemos estancado, no es posible que la única forma para poder asistir y participar de eventos como la batalla de flores o la gran parada sea adquiriendo una boleta para un palco de $200.000 lo cual no es accesible para todo el pueblo y mucho menos para la gente humilde y trabajadora de estratos 1 y 2 , es entonces la clase popular, esa que vive su cultura a diario en las calles de sus barrios, la que vive en carnaval todo el año y que no se apena de su cultura o sus costumbres la que se ve afectada por esta situación. Solo es necesario estar dentro del desfile para darse cuenta de esta brecha social tan grande que se ve en un evento cultural dirigido a todo un pueblo pero el cual solo es disfrutado por unos pocos. Al ingresar al desfile se ve como personas de escasos recursos se aglomeran en los pequeños espacios que la policía ah determinado para la ubicación de ambulancias o salidas de emergencia, esos pequeños espacios que se esconden entre los imponentes palcos en los cuales las personas hacen hasta lo imposible por ver el desfile y a su ves por escapar del inclemente sol del medio día.
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